LA CATA
CATAR UN VINO ES DISTINGUIR Y RECONOCER, SUS CUALIDADES Y SUS DEFECTOS ANTES DEL PLACER DE BEBERLO.
Cuando realizamos una cata, procuramos analizar la mayoría de las sensaciones que el vino nos transmite para aumentar nuestro placer.
Saber catar significa utilizar eficientemente los sentidos para poder interpretar las sensaciones visuales, olfativas, táctiles y gustativas que forman parte del análisis sensorial, y es imprescindible poseer un vocabulario para describir las sensaciones.
Con un poco de buena voluntad, la práctica de la degustación está al alcance de todos, ya que todos nacemos más o menos con la misma aptitud para discernir aromas y sabores. Aunque la sensibilidad puede variar de un individuo a otro, convertirse en un catador lúcido es más una cuestión de experiencia que un don natural: se trata, simplemente, de explotar al máximo las aptitudes personales.
![]() |
Para apreciar el aspecto y el color del vino debe hacer uso de su vista aguda para observar el aspecto del vino, la limpieza de este, la presencia del gas carbónico, el color del borde del disco (borde del vino en la copa) Para distinguir los aromas del vino es necesario poner énfasis en el desarrollo de una buena memoria olfativa, hay que olfatear insistentemente un vino para apreciar su aroma y buque, el buque del vino designa los olores de su crianza en barricas de roble. Se dice entre los catadores profesionales que con la práctica se van separando los aromas y que los vinos blancos; tienden hacia aromas de cítricos y de otras frutas, los vinos tintos; evocan sobre todo los frutos rojizos y que los vinos blancos como los vinos tintos pueden tener todo tipo de aromas minerales, de especias, de hierbas y algunos otros aromas corrientes.
|
![]() |
En el restaurante, la elección de los platos lleva a la elección de los vinos. Algunos restaurantes proponen incluso un vino y un plato. El cheff los elige por lo general en función del estilo de su cocina: por ejemplo, suele ser fácil acoplar los vinos y la cocina de una misma región. Nunca se debe dudar en pedir consejo, sobre todo en; los restaurantes que disponen de sumiller. Él es el único que conoce a fondo su propia bodega y estará encantado de compartir su pasión con el cliente, haciéndole descubrir un ( vino poco conocido o una añada que se encuentra en su apogeo), hay que evitar los vinos sin personalidad, aquellos «que van con todo», como los pequeños tintos del, Loira, con frecuencia caros pero raramente buenos.
|
![]() |
Una vez hecha la elección, compruebe la etiqueta que le presentan. Así tendrá la seguridad de que se trata del vino que ha pedido. Antes de degustar un vino raro y caro es conveniente verificar las copas en las que se va a servir. Si no le convence no dude en pedir otra, Cuando se disponga a probar un vino, comience por preguntarse: ¿su color es claro y luminoso? Luego, aspírelo Pruébelo para verificarlos aromas, las sensaciones en boca y la temperatura a la que ha sido servido. Se puede devolver un vino si sabe a corcho o resulta francamente desagradable al probarlo. Los blancos deben servirse y mantenerse frescos. Muchos restaurantes sirven los tintos a una temperatura demasiado elevada: pida en ese caso un balde de hielo, ya que estos vinos ganan mucho si se refrescan ligeramente. Si pide una segunda botella, degústela del mismo modo y en una copa distinta. No hay ninguna razón para suponer que ese vino será perfecto simplemente porque el de la primera botella lo era. El precio de los vinos en las cartas de los restaurantes es lo bastante alto (el coeficiente multiplicador es generalmente de 3) como para que el aficionado tenga todo el derecho a exigir una calidad y un servicio correctos.
|